Aprende a aceptarte

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imagesca6d51e9_70_70Si la esencia de vivir conscientemente es el respeto por los hechos y la realidad, la autoaceptación es la prueba definitiva. Cuando los hechos que debemos afrontar tienen que ver con nosotros mismos, vivir conscientemente puede volverse muy dificil. Aquí es donde entra en juego del desafio de la autoaceptación.

La autoaceptación nos pide que enfoquemos nuestra expe­riencia con una actitud que vuelva irrelevantes los concep­tos de aprobación o desaprobación: el deseo de ver, de saber, de conocer.

Ahora bien, aceptarnos a nosotros mismos no significa carecer del afán de cambiar, mejorar o evolucionar. Lo cierto es que la autoaceptación es la condición previa del cambio. Si aceptamos lo que sentimos y lo que somos, en cualquier momento de nuestra existencia, podemos perrni­timos ser plenamente conscientes de la naturaleza de nuestras elecciones,acciones, y nuestro desarrollo no se bloquea.

Comencemos por un ejemplo simple. Pónganse frente a un espejo que abarque toda tu figura y mírense la cara y el cuerpo. Presten atención a sus sentimientos mientras lo hacen. Quizá algunas partes de lo que vean le gustarán más que otras.  Algunas partes de sus cuerpos les resultarán más dificiles de mirar detenidamente, porque las perturban o les disgustan. Tal vez vea en su rostro un dolor que no deseas afrontar: tal vez exista algún aspecto de tu cuerpo que te desagrada tanto que te cueste mucho mantener sus ojos fijos en él: tal vez veas indicios de tu edad y no puedas soportar los pensamien­tos y emociones que esos indicios te despiertan. De modo que te sientes impulsado a escapar -a huir de la concien­cia- a rechazar, negar, olvidarse de ciertos aspectos de ti misma.

Pero sigan mirando su imagen en el espejo unos instan­tes más, e intenten decirse a ustedes mismo: "Sean cuales fueren mis defectos o imperfecciones, me acepto a mí misma sin reservas y por completo". Sigan contemplándose, respiren hondo, y repitan esa frase una y otra vez durante uno o dos minutos, sin acelerar el proceso sino, más bien, permitiéndose experimentar plenamente el significado de sus palabras. Quizás se descubran protestando: "Pero hay algunas partes de mi cuerpo que no me gustan: ¿cómo puedo entonces aceptarlas sin reservas y por completo?" Recuerden: "aceptar" no significa necesariamente "gustar".Aceptar no significa que no podamos imaginar o desear cambios o mejoras. Significa experimentar, sin negación ni rechazo, que un hecho es un hecho: en este caso, significa aceptar que la cara y el cuerpo que ven en el espejo son tu cara y tu cuerpo, y que son como son. Si insisten, si se rinden a la realidad, si se rinden al conocimiento que es lo que, en definitiva, significa "aceptar", advertirán que han comenzado a relajarse un poco, y tal vez se sientan más cómodo con ustedes mismas.

Aunque no les guste o no les cause placer todo lo que vean cuando se mire a] espejo, aun podrá decir: "Ese soy yo, en este momento. Y no lo niego. Lo acepto~. Eso es respeto por la realidad.

Practiquen este ejercicio durante dos minutos todas las mañanas, y al poco tiempo comenzarán a experimentar la relación entre la autoaceptación y la autoestima: una mente que honra a la vista se honra a sí misma.

  • Si lamentan sus acciones, ¿trata de aprender de ellas, para que en su conducta futura no repita las mismas equivocaciones?
  • ¿O simplemente sufres por el pasado y sigue pasivamente atado a modelos de conducta que sabe inadecuados? La respuesta a todas estas preguntas tendras profundas implicaciones para su autoestima. Nos sentimos culpables cuando:

•Al contemplar algo que hemos hecho o dejado de hacer, experimentamos un sentimiento de minusvalía.

•Nos vemos impulsados a racionalizar o justificar nuestra conducta;

•Nos ponemos a la defensiva, en actitud combativa, cuando alguien menciona la conducta en cuestión;

•Nos resulta dificil y penoso recordar o examinar la conducta.

Piensen en alguna acción que hayan realizado. o que no hayan realizado, de la cual se arrepienten, algo lo bastante significativo como para haber hecho mella en tu autoestí­ma. Luego pregúntense: ¿según los parámetros de quién estoy juzgando? ¿Los mios o los de otro? Si esos paráme­tros no son en verdad tuyos, pregúntense: ¿qué es lo que yo creo en realidad sobre esto? Si ustedes son seres humanos pensantes y con toda honestidad y plena conciencia, no ves nada malo en tu conducta, quizás encuentres el coraje necesario para dejar de condenarse en ese mismo instante. O, al menos, tal vez comiences a vislumbrar una nueva perspectiva en la evaluación de tu conducta.

"Yo solía hacerme reproches -decía Beatriz, en una de nuestras sesiones de terapia- porque nunca quise que mi madre viviera conmigo... es decir, conmigo, mi marido y nuestros hijos. Me educaron según el principio de que el deber hacia los padres es lo más importante, y que el egoísmo es un pecado. Pero una de las cosas que conseguí con la terapia es prestar atención a lo que yo realmente pienso, más que a lo que a veces me digo que pienso. Y la verdad es que para mi esas enseñanzas no tenian ningún sentido, sobre todo al considerar que mi madre siempre dejó bien en claro que yo no le gustaba mucho. y que yo sé que ella no me gusta mucho a mí. Nunca nos llevamos bien, Toda su vida estuvo inmersa en el abatimiento y la fatalidad. Si yo me mostraba demasiado feliz, solía decirme que algo no me funcionaba bien. Pensé que, si permitía que mi madre viniera a vivir con nosotros, iba a ser un infierno para mí y mi familia. Así que dije no. Ahora mis hermanas y mis hermanos no me hablan. Yo veo la vida de una manera diferente del resto de la familia. Además, es mi vida, no la de ellos. Así que haré lo que a mí me parece racional, y aceptaré las consecuencias."

No se está sugiriendo con esto que todos los valores son subjetivos y que la moral es sencillamente lo que un indivi­duo piense o sienta que es moral. En general la gente suele dejarse intimidar por las preferencias valorativas de los demás, a expensas de sus propias necesidades, percepciones y autoestima.

En la práctica de la terapia, gran parte de lo que se llama culpa tiene que ver con la desaprobación o la condena de otros, de personajes influyentes como los padres o cónyuges; no siempre es aconsejable tomar las declaraciones de culpa (las nuestras o las de los demás) al pie de la letra. Con frecuencia, cuando alguien declara: Me siento culpable por esto y por esto", lo que en realidad quiere decir, aunque rara vez lo reconoce, es: "Tengo miedo de que si mamá o papá (o alguna otra persona importante) se entera de lo que he hecho, me critique, repudie o condene".

BIBLIOGRAFÍA

Brandon, Nathaniel: " Cómo mejorar su autoestima", Barcelona, Ed. Paidós, 1991.

Daskal, Ana María: " Permiso para quererme ". Reflexiones sobre la autoestima femenina, Ed. Paidós.

L. Hay, Louise: " Ámate a tí mismo: cambiarás tu vida ", Ed. Urano.

Lindenfieed, Gael: " Ten confianza en tí misma", Ed. Gedisa.

Slaiken, Karl A : " Intervención en crisis ", México, Ed. Manuel Moderno, 1988.

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